Café Matiz Ron Viejo de Caldas, cuando el ron solo está en la etiqueta
Un café colombiano que lleva el nombre del ron más vendido del país abre preguntas sobre marketing, regulación y la delgada línea entre tradición e ilusión.
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| Ron Matiz Ron Viejo de Caldas |
En la búsqueda de un café colombiano para llevar de regalo a unos amigos en Brasil, me encontré con una edición especial de Café Matiz Ron Viejo de Caldas. A primera vista, la propuesta parecía irresistible: unir el café, símbolo nacional por excelencia, con el ron más vendido del país, responsable de más del 80 % del mercado, es como dice el empaque del producto: la “maestría de los que saben”.
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| Café Matiz ron Viejo de Caldas, la maestría de los que saben, se lee. |
El empaque de la marca tiene la misma tipografía de marca del Ron Viejo de Caldas, evocando tradición y promesa de autenticidad, ligando en la mente del consumidor el Café Matiz Ron Viejo de Caldas y el Ron Viejo de Caldas.
Como profesional que años atrás dirigió la producción de alcoholes tafias para rones y la producción de los
licores de la Industria Licorera de Caldas entre ellos el Ron Viejo de Caldas y
como aficionado al café con formación en la Escuela Nacional del Café, mis
expectativas eran claras. Imaginé un producto trabajado con rigor: podrían ser granos
reposados en barricas de roble blanco colombiano impregnadas (sazonadas) de Ron Viejo de Caldas, como ocurre con whiskies o
rones terminados en botas de jerez o vino oloroso. La realidad, sin embargo, fue otra.
Ni en aroma ni en taza, emergió rastro
del Ron Viejo de Caldas. La explicación estaba en la etiqueta: los ingredientes
incluían únicamente café excelso colombiano y “sabor artificial a ron”. No
había alcohol, ni maceración, ni contacto con barricas.
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| Etiqueta del Café Matiz Ron Viejo de Caldas con su descripción sensorial |
Lo curioso es cómo se comunica. En el envase aparecen descriptores sensoriales como “amaderado con notas de licor” o “dulce, frutal y amaderado”, seguidos de una aclaración tajante: “Este producto no contiene licor”.
También llama la atención leyendas de etiquetado obligatorias para licores,
se leen frases como: “El exceso de alcohol es perjudicial para la salud” y
“Prohíbase el expendio de bebidas embriagantes a menores de edad”. Advertencias
que, por ley, solo aplican a bebidas con contenido alcohólico, impresas aquí en
un café sin alcohol.
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| Un alimento, café saborizado, con leyendas obligatorias para bebidas alcohólicas |
La etiqueta acumula sellos que buscan credibilidad: certificación Kosher de KSA Kosher de Estados Unidos, denominación de origen del Café de Colombia, e incluso la referencia “Ron Viejo de Caldas 35% Vol. Alc." (Sic), que no corresponde a un café. Un conjunto que genera confusión, más que confianza.
Consultada, la productora Colcafé S.A.S., del
grupo Nutresa, respondió que el producto “no contiene alcohol” y que el sabor
ha sido diseñado “para evocar el Ron Viejo de Caldas, sin incluirlo en su composición”.
El caso abre un debate que no es
exclusivo de Colombia. En Estados Unidos, la Food and Drug Administration (FDA) ha
emitido advertencias contra productos de confitería y bebidas “sabor a whisky o
ron” que inducen a error al consumidor, recordando que usar la imagen de una
marca alcohólica sin presencia real del licor puede considerarse publicidad engañosa. En
la Unión Europea, la normativa es todavía más estricta: cualquier mención a un
destilado en un alimento debe estar respaldada por su inclusión real en la
fórmula. De lo contrario, no puede llevar el nombre ni símbolos asociados al
licor en cuestión.
Colombia, en cambio, carece de
lineamientos específicos para este tipo de híbridos. La regulación es clara en
bebidas alcohólicas y en café, pero los productos “saborizados” habitan una zona gris, donde el
marketing aprovecha el vacío legal para ampliar fronteras.
En un país que se precia de tener
algunos de los mejores cafés y rones del mundo, el resultado es incómodo: más
que una innovación, esta edición especial es un recordatorio de cómo la imagen
puede desplazar a la técnica. Lo que prometía ser una fusión entre dos
tradiciones terminó siendo, apenas, una etiqueta bien diseñada, en la que nos queda la pregunta: ¿en dónde está
Feliz resto de día
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